Investigación | Eficiencia energética en edificios
Especialistas del Grupo de Eficiencia Energética en Edificios (G3E) del INENCO evalúan baldosas con residuos plásticos para mejorar la eficiencia energética de vivienda
El estudio, publicado en Frontiers in Built Environment, analizó baldosas de hormigón elaboradas con residuos de EPS y LDPE. Los resultados muestran mejoras en el aislamiento térmico y posibles reducciones en la demanda energética de una vivienda social simulada en Salta.
Especialistas del Grupo de Eficiencia Energética en Edificios (G3E) del INENCO evalúan baldosas con residuos plásticos para mejorar la eficiencia energética de viviendas
La acumulación de residuos plásticos constituye uno de los principales desafíos ambientales actuales. Al mismo tiempo, el sector de la construcción demanda materiales capaces de reducir peso, mejorar el aislamiento térmico y contribuir a un uso más eficiente de la energía. En ese cruce entre ambiente, materiales y energía se ubica un estudio desarrollado por especialistas del Grupo de Eficiencia Energética en Edificios (G3E) del Instituto de Investigaciones en Energía No Convencional (INENCO, CONICET-UNSa), publicado recientemente en la revista científica Frontiers in Built Environment.
El trabajo, titulado “Valorization of EPS and LDPE plastic waste in concrete tiles: mechanical properties, thermal insulation, and building energy simulation of a social housing case study”, fue realizado por Andrés Emanuel Díaz, Haitham Al-Hakemi, Nicolás Di Lalla y Alejandro Luis Hernández. La investigación propone una alternativa de valorización de residuos plásticos a partir del desarrollo y evaluación de baldosas de hormigón elaboradas con agregados reciclados.
El equipo analizó el uso de residuos de poliestireno expandido —conocido como EPS— y polietileno de baja densidad —LDPE— como reemplazo parcial de agregados tradicionales en baldosas de hormigón. Para ello, se compararon tres mezclas: una mezcla de referencia sin residuos plásticos, denominada B1, y dos formulaciones con incorporación de EPS y LDPE reciclados, identificadas como B2 y B3.
A diferencia de otros estudios centrados únicamente en la caracterización del material, esta investigación avanzó en dos escalas de análisis. Por un lado, se realizaron ensayos de laboratorio para evaluar propiedades como resistencia mecánica, absorción de agua, densidad, conductividad térmica y resistencia al impacto. Por otro, se simuló el desempeño energético de una vivienda social ubicada en Salta mediante SIMEDIF, una herramienta de simulación térmica desarrollada para el análisis energético de edificios.
Los resultados experimentales indican que las mezclas con residuos plásticos cumplieron con los requisitos de la norma IRAM para este tipo de baldosas. En comparación con la baldosa tradicional, las formulaciones evaluadas permitieron reducir la densidad hasta un 14 % y la conductividad térmica hasta un 47 %. Esta última variable resulta especialmente relevante porque se vincula con la capacidad del material para limitar el paso del calor.
Entre las formulaciones desarrolladas, la mezcla B2 presentó el mejor equilibrio general entre desempeño mecánico, menor peso y aislamiento térmico. Aunque la incorporación de residuos plásticos redujo parte de la resistencia mecánica respecto de la mezcla tradicional, los valores obtenidos se mantuvieron dentro de los parámetros exigidos para su aplicación como baldosa de hormigón.
El estudio también evaluó el comportamiento de las baldosas frente al impacto. En ese ensayo, la mezcla B2 mostró un patrón de fisuración menos continuo que el de la baldosa tradicional, lo que los autores atribuyen a la capacidad de las partículas plásticas para disipar parte de la energía del impacto.
La segunda etapa de la investigación consistió en analizar qué ocurriría al incorporar la baldosa B2 en una vivienda social. Para ello, el equipo comparó un caso base con un caso mejorado que combinó la baldosa con otros componentes de mejor desempeño térmico, como ladrillos de alta prestación y doble vidriado hermético.
La simulación mostró mejoras tanto en invierno como en verano. Durante el período frío, el caso mejorado permitió elevar las temperaturas mínimas interiores hasta 2,4 °C y reducir la demanda de calefacción hasta un 35 %. En el período cálido, logró disminuir las temperaturas máximas interiores hasta 3,5 °C y reducir la demanda de refrigeración hasta un 38 %.
Los autores también analizaron el efecto aislado de la baldosa B2. En ese caso, la incorporación del material permitió una reducción del 12 % en la demanda de calefacción y del 9 % en la demanda de refrigeración. Si bien estos valores son menores que los obtenidos con la mejora integral de la envolvente, confirman que la baldosa por sí sola aporta beneficios térmicos medibles.
La investigación se inscribe en una línea de trabajo del Grupo de Eficiencia Energética en Edificios (G3E) orientada a explorar materiales constructivos más sostenibles, capaces de integrar residuos de difícil disposición final y aportar mejoras en el desempeño energético de edificios. En este sentido, el estudio vincula la valorización de residuos plásticos con estrategias de eficiencia energética, economía circular y construcción sostenible.
El artículo concluye que es técnicamente factible producir baldosas de hormigón con agregados plásticos reciclados que cumplan con estándares mecánicos y, al mismo tiempo, mejoren el aislamiento térmico. Sin embargo, también señala la necesidad de avanzar en nuevas etapas de investigación, como la evaluación de su desempeño a largo plazo, su comportamiento frente a la intemperie, la posible degradación por radiación UV y la factibilidad de escalar el proceso a nivel productivo.
De este modo, el trabajo desarrollado desde el G3E aporta evidencia sobre una alternativa concreta para transformar residuos plásticos en materiales constructivos con potencial aplicación en viviendas, especialmente en contextos donde la mejora del confort térmico y la reducción de la demanda energética son desafíos prioritarios.
Artículo completo:
https://www.frontiersin.org/journals/built-environment/articles/10.3389/fbuil.2026.1847807/full